miércoles, 23 de marzo de 2016

Tu sacrificio fue por amor




TU SACRIFICIO FUE POR AMOR



Dejaste tu mansión de luz 
para humillarte entre los hombres
y acabar mansamente en una cruz.
Fuiste sendero y paz
para los sedientos de vida,
para los humildes que miraron tu faz.
Mas para los rebeldes fariseos
fuiste tropezadero,
y te tendieron lazo los perversos,
que a través del mal discípulo
que te traicionó con un beso,
te echaron mano y te prendieron.

Se angustió tu alma hasta la muerte,
y goterones de sangre fluyeron
de tu amada frente.
El látigo extendió llagas en tu cuerpo
mientras vociferaba
la chusma maldiciente.
No se hincaron de rodillas
ante tu serena mirada,
no temblaron ni temieron
ante tu majestuoso silencio.

Pasaste en llaga viva entre la muchedumbre,
y a pesar de tan cruel tormento,
tu paz era como lumbre.
Te clavaron sin piedad a un madero
y un rayo atravesó los cielos
y en las alturas resonaron los truenos,
mientras tú pedías el perdón
para los que te hirieron.
Tus palabras encendidas de amor
bendecían al ladrón que se humilló.

Y expiraste manso y tierno
como un pájaro herido.
Tembló la tierra y se oscureció el universo.
Los ángeles hicieron duelo,
y se rasgó el velo del templo.
Mas ay, ¡cómo temblaron del mundo
los cimientos!
Las tumbas se abrieron
y resucitaron algunos cristianos muertos.

Voz de alboroto por las calles,
algunos golpeándose el pecho.
¡Temor! ¡Espanto!
al ver ocurridos estos hechos.
Los discípulos cabizbajos y llorando,
todos ellos se escondieron.
Tres días transcurrieron.
Tres días en que sopló el silencio,
hasta que en un alba luminosa
descendieron las huestes celestiales
y tú resucitaste en secreto.

Hoy todos los que te amamos
damos fe de aquel día
tan glorioso y tan perfecto.
Pues por tu sangre somos salvos
y por tus heridas hemos sido sanados.
Y por tu grande amor, oh Jesús
del reino santo de los cielos
también somos herederos.





(De mi poemario: "Por el valle de los aromas")

INGRID ZETTERBERG

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Mi niño volvió




MI NIÑO VOLVIÓ



Ángel mío,
nueve días te arrullaron mis ojos;
y el arco iris piadoso del Creador
descendió hasta mi vera,
penetró su luz
por las grietas de mi alma
y encendió mi faz
de sonrisas olvidadas.

Nieto mío,
mi pequeño
de largas pestañas
y tímida voz,
me has regalado una navidad
de nubes deslizadas
que jamás me atreví a soñar.

Me has ofrendado la paz
de mis blancas murallas
por donde desciende
tu risa amada
junto al jardín de pinos
donde se escucha
tu suave trotecito alegre.
Mi niño, en estos breves días eternos,
¡cuánta felicidad
desbordada en campanas de ilusión!




Dedicado a mi amado nieto Adrian...Navidad 2,014

(De mi poemario: "Por los bosques del silencio")

ingrid zetterberg